Sobre mí

De mecánico a ingeniero
Empecé a trabajar a los dieciocho, en un taller, con las manos.
Durante un tiempo, ese fue todo el plan. Hice un ciclo formativo de automoción, trabajé en coches, después en la flota de limpieza viaria de Barcelona, y después en equipos de frío para camiones frigoríficos. Entonces me matriculé en la universidad e hice las dos cosas a la vez durante cuatro años: taller por la mañana, clase por la tarde, y lo que quedaba del día para estudiar. Salí de ahí con el mejor expediente de mi promoción, que menciono exactamente una vez, aquí, porque la frase se lee en dos segundos y aquello duró cuatro años.
En todo eso hay un chiste que yo no planeé. Pasé un año de mecánico frigorista, revisando compresores y evaporadores en camiones. Casi veinte años después soy el ingeniero responsable de la electrónica de una línea de neveras. Me encantaría decir que aquello fue estrategia. No lo fue.
Lo que sí se trasladó es la parte que no tiene nada que ver con el frío: estoy cómodo con el objeto físico. No me importa modificar un aparato de mercado para meterle mi electrónica dentro, montar un banco con cargas y sensores reales, o abrir algo en lugar de discutir sobre qué podría estar haciendo.
Fuera del trabajo
Hay un patrón en cómo paso el tiempo libre y no voy a fingir lo contrario. Me gustan los sistemas que puedo medir y ajustar.
Cosmo. Es adoptado, tiene ocho meses, es mezcla de bodeguero y teckel en arlequín blanco y negro, y llegó a casa con dos meses. Me ha reorganizado los fines de semana en torno a playas, zonas caninas y rutas que de otro modo no habría andado nunca, y leo sobre adiestramiento y comportamiento canino bastante más de lo estrictamente necesario.
Cocinar, entendido como disciplina y no como pasatiempo: temperaturas, tiempos, texturas y equipamiento. No es casualidad que trabaje en hornos, y resulta útil de verdad haber cocinado en el aparato para el que estás escribiendo el algoritmo de control.
Patinar en línea, donde he acabado ajustando la horma de la bota, las plantillas y el montaje de ruedas con la misma energía que dedico a una sesión de calibración en el trabajo. El equipo también es un sistema.
Electrónica que no llega a ser producto, que es lo que mantiene el trabajo pareciéndose a la afición con la que empezó: microcontroladores encima de la mesa, cosas conectadas por casa, y la avería de coche que prefiero diagnosticar yo antes que describírsela a otro.
Bits&Roses
Esta web la ha construido Bits&Roses, un proyecto propio que cofundé en 2012.
Unas ocho webs en catorce años, por encargo, con largas temporadas de silencio en medio. No es una carrera paralela y no me estoy vendiendo como desarrollador web: es donde la parte de mí que disfruta construyendo cosas construye algo que no es embebido, en semanas y no en años. De vez en cuando es exactamente lo que necesito.
¿Hablamos?
Si algo de esto se parece a lo que estás construyendo, escríbeme.